-Inciso- iPad

Voy a hablar sobre el iPad por los siguientes motivos:

  1. Éste es mi blog y hablo de lo que me precipite de la uretra.
  2. El iPad tiene relación con dos de las posibles pero remotas compras que haría en Japón: ebook y netbook.

Hace un rato Apple acaba de presentar el iPad, esencialmente un iPod Touch de 10 pulgadas con algunas mejoras de interficie (“interfaz” es una puta aberración) para acomodar la mayor pantalla. Tengo una muy fuerte sensación de ambivalencia con este cacharro: por un lado es la ostia y por otro lado lo detesto. En este post intentaré aclarar por qué.

Apple tiene 2 grandes cosas: un genial departamento de márketing que sabe hacerte babear por sus productos y un portentoso equipo de diseño industrial que sabe integrar todas las etapas de diseño de un producto (hardware, software, UI, etc). Ambas combinadas tienen como resultado la creación y venta de trastos que causan gran impresión y que quieres comprar sin saber por qué. Pero si uno es racional y se para a pensar, se da cuenta de que en realidad el trasto en cuestión, a pesar de no ser necesariamente malo, no es para tanto.

Primero voy a hablar de lo malo, que parece ser la tónica dominante en webs como Ars Technica donde la gente es mínimamente sensata. El iPad es una mierda porque es un iPod Touch sobredimensionado, con todo lo malo que eso conlleva: desde la llegada del iPhoneOS, tú no eres dueño de tu trasto y dependes de la voluntad del señorito Jobs para hacer lo que él quiera que tú hagas o cómo trabajes (se depende del jailbreaking para añadir ciertas funcionalidades). Es decir:

  • No hay multitarea: el iPhoneOS está diseñado para que no sea necesario tener más de una aplicación abierta, pero cuando se añade funcionalidad no esperada, la monotarea limita muchísimo la experiencia de uso, como no poder escuchar la música de Spotify mientras se navega una web, por ejemplo. Tras mi experiencia con la Palm Pre y WebOS, puedo decir con seguridad que la multitarea añade gran valor al teléfono y alivia tener que navegar inútilmente por la UI para reabrir aplicaciones.
  • Monopolio en el canal de distribución de aplicaciones: sólo puedo comprar aquellas aplicaciones que el señorito Jobs decida aprobar para su venta en la App Store. Si una aplicación añade una funcionalidad no caída en gracia o si simplemente quiero ver pornazo directo en una app para cascarme una gayola me tengo que aguantar y joderme. Con el jailbreaking y Cydia esto se alivia en parte, pero no debería ser así para empezar.
  • Falta absoluta de configuración: muchos comportamientos del sistema no pueden ser personalizados, y algunas funcionalidades se omiten deliberadamente ya sea por compromisos con otras compañías (sin tethering para no cabrear a las telcos) o por pura obcecación del señorito Jobs (la UI no admite skinning).

Cualquier poweruser que haya tenido experiencia con el iPhone habrá sufrido estas limitaciones, e incluso dependiendo de sus necesidades y prioridades haya decidido cambiarse a otro entorno (como yo, que a pesar de sus fallos disfruto de una Palm Pre).

Antes de hablar de lo bueno, quiero mencionar la relación del iPad con los netbooks y los ebooks: desde hace años he querido un cacharro que sustituya a mis apuntes y transparencias de la uni. Llamaremos a este hipotético cacharro “Sflonker”. Cuando llegase a una clase, sacaría mi Sflonker de mi mochila y empezaría a tomar apuntes. Si el profesor narra o escribe en la pizarra, yo podría teclear para ir más rápido y evitar mi horrenda caligrafía. Si el profesor hace algún esquema o dibujo, yo podría dibujar directamente a mano (¿con un stylus?) dicho esquema o dibujo en la pantalla, para a continuación anotar los nombres de cada elemento a mano o con el teclado, en función de lo que fuese más rápido (por supuesto, cualquier texto introducido a mano sería reconocido por el Sflonker). Si ese día hay que seguir unas transpas, me conectaría a internet desde mi Sflonker y descargaría el PDF, para a continuación anotar encima mismo cualquier apunte adicional. En mi Sflonker podría llevar varios libros (¡y cómics!) para leer en el metro en una pantalla que no me cansara la vista, e incluso podría tener aplicaciones PIM como una agenda o un calendario. Puede que también viera algún video en mi Sflonker. Al llegar a casa, podría sincronizar mi Sflonker con mi PC o NAS para tener un backup de todos los datos. Y como el Sflonker es esencialmente un PC con una forma e interficie determinadas, podría añadir funcionalidades instalando nuevos programas o conectando accesorios. Es posible que un Sflonker suficientemente potente y bien diseñado acabara sustituyendo a mi ordenador de trabajo.

Desgraciadamente, el Sflonker no existe (aún). Desde que aparecieron las Tablets hace años pensé que finalmente habría encontrado el Sflonker, pero su excesivo precio y peso, junto a su limitada autonomía y la inexistencia de interficies que explotaran la pantalla táctil dinamitaron mis esperanzas. Luego aparecieron los lectores de ebooks de tinta electrónica, cuyas pantallas son fabulosamente cómodas para leer, y a pesar de ser sensiblemente más baratos que las tablets de hace años la lenta velocidad de refresco de la pantalla junto a la falta de modelos con pantalla táctil y conexión inalámbrica (haberlos haylos, pero son caros) hacen de los ebooks actuales un nuevo chasco, aunque suponen una aproximación al concepto. Finalmente están los netbooks: pequeños ordenadores portátiles baratos aptos para tareas que no requieran mucha capacidad de proceso. Modelos como el Asus Eee PC T91TM que incluyen funcionalidad de Tablet se aproximan más y más a mi concepto de Sflonker, pero siguen fallando por su interficie y su carencia de aplicaciones aptas para la función principal del hipotético trasto.

Y entonces Apple presenta el iPad. A pesar de los aspectos negativos ya mencionados, el iPad es indudablemente el cacharro tangible (que no prototipo) más cercano que he visto al Sflonker. Hay dispositivos que se acercan aún más al concepto, como el Microsoft Courier , pero no son más que prototipos que no tienen por qué salir nunca a la luz. La inclusión de iWorks entre las aplicaciones disponibles llama poderosamente la atención: ¿es factible el uso de aplicaciones de productividad de manera seria en un dispositivo de esas características? Si el iPad demuestra que sí, puede suponer un cambio de paradigma en interficies de usuario: se sustituye al modelo clásico de ratón para señalizar y teclado para escribir a un modelo donde el teclado es mutable (la hoja de cálculo de iWorks tiene diferentes teclados virtuales dependiendo del contexto; es como un Optimus Maximus pero aún más configurable y más barato) y el cursor desaparece para dar paso a la interacción con los dedos.

Queda por ver el éxito que tendrá Apple con el iPad, pero lo que parece que la gente no ve es que puede suponer una revolución en la manera de interactuar con los ordenadores. Imaginemos una pantalla más grande que el iPad, sobre un soporte regulable inclinado unos 30º sobre la mesa. Esta pantalla no tiene integrado procesador alguno, sino que tenemos una máquina más potente debajo de la mesa que hace de CPU. La evolución de las tecnologías inalámbricas y de pantallas (OLED o nuevas tintas electrónicas como Mirasol) podría permitir la creación de una pantalla de incluso 20″ que sea muy ligera. Ahora imaginemos que la interficie del SO es similar a la del iPad: sin teclado alguno y con la flexibilidad que le otorga el ser multitáctil, se podría usar de manera cómoda en un entorno de trabajo. ¿Que necesito leer unos informes? Pongo la pantalla en alto y leo descansadamente, o la poso en mi regazo. ¿Que necesito escribir un documento? Pongo la pantalla en el soporte y escribo: el soporte regulable hace que no sea incómodo para mis muñecas (la cabeza y el cuello serían otra cuestión, quizás resuelta por interficies como 10/GUI). ¿Que necesitas manipular unas imágenes? Al ser multitáctil, trabajar con las imágenes es un juego de niños.

Esta última implicación del iPad es lo que más me fascina del cacharro: si tiene éxito puede suponer un cambio de paradigma a la hora de diseñar interficies de usuario e incluso del diseño de los PCs. Quizás cada vez quede menos para tener un Sflonker entre mis manos, pero para bien o para mal el iPad no deja de ser otro producto de Apple: potencialmente un gran avance en el mundo de la computación personal, reducido por su cerrado y restrictivo ecosistema. No es un Sflonker, pero si gracias al iPad alguien lo acaba haciendo, pues bienvenido sea.

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One comment

  1. miralarima · enero 28, 2010

    Lo de Mac es imparable:
    Cuando casi parecía,
    cuando se hacía probable
    que el Iphone encontraría
    un enemigo de alcance
    con el Nexus One de Google,
    ese otro gran gigante,
    de nuevo en Apple se suben
    hasta la más alta cumbre
    de innovación y de avances.

    El Ipad revoluciona
    el mundo de los netbooks
    y a la vez crea otra forma,
    digna de éstos gurús,
    de acercarte a la lectura
    de los libros electrónicos,
    un Ipod de gran anchura,
    un dispositivo óptimo
    con esa estética pulcra
    que ya huele a gran negocio
    sin dejar lugar a dudas.

    En apenas unas horas,
    paradojas del destino,
    el Ipad revoluciona
    su más reciente “enemigo”.
    En Google ya se superan
    1′6 millones
    de páginas que presentan
    en sus entradas el nombre
    del IPad que ya desean,
    miles y quizá millones
    de personas que vocean
    sus virtudes dando botes.

    Pero lo mejor de todo,
    y no me digan que no,
    es su ya español apodo:
    es el nuevo “CachoPhone”
    que Forges, ese coloso
    y brillante ilustrador,
    nos ha presentado a todos
    con su inigualable humor.

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