Del 27 de agosto al 5 de septiembre: sudden end

Éste es el último post que voy a hacer desde los USA; tendré algunos más en la recámara para cuando vuelva a Barcelona pero éste será el último 100% “auténtico”. Ahora escribo desde el avión desde San Diego hasta Philadelphia; no se si tendré tiempo de acabarlo antes de partir hacia Barcelona.

Empecé a escribir este post hace un par de días pero no me gustaba la forma en que lo estaba redactando, así que lo he vuelto a empezar. Esencialmente dejo de contar ciertas cosas que no dejan de ser irrelevantes, porque tengo la manía de enrollarme a contar detalles y al final me acabo cansando, y es mejor escribir poco pero escribir a escribir mucho y acabar cansado porque se convierte en una especie de obligación.

La semana del 27 llegó Cindy, una ingeniero (¿ingeniera?) de Pekín que también se quedará durante 2 meses en USA. Al principio tuve impresiones bastante negativas porque me pareció carente de personalidad (creo que lo único que le interesa son las compras) y porque no le importan las actividades sociales: si proponemos ir a un sitio como SeaWorld ella se negará porque ya estuvo en otra ocasión que vino a USA. Y porque insistió en ir a un restaurante de mínimo 70$ por comensal cuando no tenía ni idea de en qué consistían los platos para acabar dejándose la mitad por comer y haciéndole perder el tiempo al camarero con su paupérrimo nivel de inglés oral (el escrito es apropiado, o al menos eso parece por los emails de la empresa). Pero recientemente cambié un poco de opinión cuando vi que a veces era capaz de reír con una broma o mostrarse comunicativa de forma activa. Pero tampoco es que la vaya a echar de menos.

El sábado 27 fue mi primer día de playa de todo el verano, así como la primera vez que me bañaba en el océano Pacífico. No me llevé la cámara porque no quería llenarla de arena, pero me di un chapuzón y pude disfrutar con las olas. Después Andy y yo propusimos ir al cine pero Cindy insistió en ir a cenar a un restaurante que te cagas (no sabeis la vergüenza que da ver a gente masticando con la boca abierta y haciendo ruido y sorbiendo con absolutamente todo en un restaurante de ese palo; los modales de los chinos en la mesa son bastante menos sofisticados que los nuestros). Después de la cena la dejamos en casa y Andy y yo nos fuimos a ver Cowboys & Aliens, que a pesar de la genial premisa acabó siendo bastante olvidable.

Al día siguiente Andy y yo fuimos al Safari Park, otro recinto del Zoo de San Diego que está en el pueblo de Escondido, a entre 20 o 30 millas de distancia. No nos costó un duro porque cuando tuvimos el evento con la empresa nos dieron tickets gratis. Es un recinto con grandes espacios abiertos donde se realizan tours en bus, de allí el nombre Safari Park. También hay las típicas jaulas como las que había en el zoo, pero muchos animales estaban repetidos y no prestamos demasiada atención salvo con los cóndores, que en el zoo estaban ignorando al público mientras que en el Safari Park los pudimos ver de cerca interactuando con un cuidador. Son unos bicharracos enormes.

Por la tarde fuimos a la piscina del complejo de apartamentos. También fue mi primer día de piscina de toda mi estancia en San Diego. No es muy profunda y hace formas raras por lo que no es muy apta para nadar, pero sirve para refrescarse y distraerse. Tampoco pude hacer fotos.

Mi última semana en VIA Telecom no tuvo especiales incidendias. Acabé de modificar la hoja de Excel con la que llevo trabajando desde el primer día y poco más. Me despedí de los compañeros de kendo el jueves; después del entreno fuimos a un sports bar a tomar unas birras y acabé siendo invitado por ellos. En el trabajo me despidieron llevándome a comer a un sitio que hacen barbacoa tejana, que no estaba mal pero tampoco mataba.

Lo mejor fue cuando uno de los jefes (Mark) nos invitó a Andy, Cindy y a mi a ir el sábado a México. Mucha gente me había advertido sobre la violencia en el país y que no era muy prudente visitarlo pero Mark va con bastante frecuencia, de hecho habla castellano y es muy aficionado a la historia Mexicana, así que resultó ser un guía excelente.

Al llegar a la oficina conocimos a los hijos de Mark. Tras presentarnos, cogimos el monovolumen de la empresa y nos dirigimos hacia la frontera, en San Ysidro. Tras cruzarla sin problemas (de entrada a México no miran nada), estuvimos un buen rato conduciendo hasta llegar a Ensenada, un pueblo pasado Tijuana. Comimos allí mientras unos mariachis nos cantaban y fuimos a una bodega a probar vinos de la zona. También vimos algunos monumentos interesantes.

A continuación fuimos a La Bufadora, un pueblo aún más al sur conocido por una formación rocosa en un acantilado que forma una especie de sifón o géiser cuando llega una ola, aunque no sea especialmente grande. Hay unas barandillas y la gente más cercana a ellas se moja siempre. Se llega tras pasar una galería de tiendas que venden más o menos lo mismo pero que clavan al turista exageradamente. Contribuí a la economía local comprándome un piña colada servido en un trozo de caña de azúcar (11$) y una máscara de lucha libre mexicana, la más fea que encontré (25$).

Al acabar de pasear por La Bufadora ya se había hecho tarde, así que decidimos volver hacia San Diego. Tras un par de horas conduciendo (habíamos ido bastante lejos) llegamos a Tijuana, donde decidimos parar para ir al baño y cenar algo, pues las colas para entrar en USA suelen ser muy largas y las esperas de más de una hora son habituales (el puesto fronterizo de San Ysidro, que es el que divide a San Diego de Tijuana, es la frontera con mayor tráfico de gente del planeta al año, tanto por cantidad de vehículos como gente caminando). Ya era de noche y yo personalmente iba un poco jiñado, pero Tijuana resultó ser una especie de Lloret De Mar más grande (2 millones de habitantes), más cutre (descuido total de las tiendas, suciedad), muy concurrido y con putas y mariachis por todas partes, junto al ocasional coche policía que patrullaba. Comimos en una taquería e hice 4 fotos de la Avenida de la Revolución, que es una de las calles turísticas más importantes de Tijuana.

Finalmente cogimos de nuevo el monovolumen y nos dirigimos a la garita (palabro mexicano para referirse a la aduana), donde resultó haber muy poca cola respecto a lo habitual. En realidad tuvimos que esperar casi una hora, pero parece ser que en realidad fue poco tiempo respecto lo normal. La aduana es similar a un peaje: la carretera es de unos 3 o 4 carriles y momentos antes de llegar a la aduana en sí la carretera se ensancha para poder tener múltiples controles simultaneamente y evitar colapsar la carretera (que igualmente se colapsa hasta que las colas llegan a la ciudad en ocasiones). Como los coches suelen estar parados mucho tiempo, al lado de la carretera hay muchísimas tiendas que venden souvenirs de todo tipo para que se compren en el último momento, e incluso hay puesto ambulantes en medio de la carretera, dispuestos a venderte cualquier mierda made in China, picoteo o bebida. También hay mendigos pidiendo limosna. Como los carriles no están claramente marcados cuando se ensancha la carretera, se crea un sálvese-quien-pueda en el que todo el mundo intenta colarse por el carril más adecuado; los puestos ambulantes se juegan la vida a diario. De hecho, en un cambio de carril tocamos con la rueda trasera a un mendigo en silla de ruedas y le desplazamos bastante, aunque afortunadamente la silla no se tumbó y el minusválido no pareció recibir daño alguno.

En la frontera nos pidieron los pasaportes e hicieron las típicas preguntas inquisitivas: a dónde vais, a qué os dedicais, qué habéis ido a hacer a México, etc. Finalmente nos dejan entrar de nuevo y Mike nos llevó de vuelta a la oficina para poder recoger el coche. Tras agradecerle el viaje (y la invitación; nos pagó casi todo) me despido de él y volvemos a casa.

El domingo 4 era mi último día en San Diego. Aún no había ido a SeaWorld y quería ir, pero tenía que hacer unos recados antes y la maleta después. Como la tienda a la que quería ir no abría hasta las 11, acaba siendo casi la hora de comer al salir y Andy y yo decidimos que no era muy buena idea pagar los 70$ de la entrada para estar pocas horas y apenas ver nada, pues las colas en el parque son largas y más aún este finde porque era de 3 días en USA (Labor Day, que es la versión americana del 1 de mayo). Y dado que Andy no había estado aún en el downtown, decidimos ir al portaaviones USS Midway (en el cual ya estuve, pero me daba igual volver a ir) y después comer por el Gaslamp District (aunque acabamos comiendo en un mall; fallo táctico por mi parte).

Por la tarde volvimos a casa y me puse a hacer la maleta. Cenamos pizza casera y fideos chinos; me despido de Andy, intercambiamos emails y me voy a la cama a las 2:00 de la mañana para volver a levantarme a las 3:30 . Sin despertar a Andy bajé el equipaje al coche, dejé las llaves de casa en un zapato de Andy para que las viese, cogí el coche y me fui rumbo al párking donde debía devolver el coche, y desde el que cogería una lanzadera que me dejaría en mi terminal. Tras hacer el check-in sin mayor incidente (tuve que pagar 55$ por mi segundo bulto; pensaba que ya estaba incluído) y pasar el control de seguridad sin muchos problemas (me había olvidado los billetes de embarque en la zona del check-in) logro entrar en el aeropuerto, donde descubro con alegría y jolgorio que hay wifi gratis y enchufes disponibles para amenizar la espera de hora y media en el aeropuerto antes de embarcar. Finalmente embarco y aquí estoy, con la wifi del avión escribiendo esta entrada.

Nota: las fotos están en el disco duro portátil que está guardado en mi mochila, ahora mismo fuera de mi alcance. La entrada viene sin fotos de manera temporal; si encuentro wifi en Philadelphia pondré las fotos, ya que tengo una espera de unas cuantas horas entre vuelos.

Mañana a las 8:30 de Barcelona llegaré de vuelta. Tengo emociones en conflicto: por un lado me lo he pasado bien y por otro lado creo que me lo podría haber pasado mejor. Me da la sensación de que no he tenido verano pero si reflexiono me doy cuenta de que sí que he disfrutado de un verano peculiar. Ver los anuncios de Estrella Damm altera la percepción de la realidad de una manera salvaje :V

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3 comments

  1. MrBlonde · septiembre 5, 2011

    – ¡Se dice ingeniera, claro que sí!
    – ¿70 pavos por entrar en SeaWorld? ¿Los vale?
    – WiFi en el avión, fuck yeah… No quiero ni saber el follón tecnológico que debe ser tener WiFi en un avión, pero mola que te cagas.
    – Queremos fotos de Tijuana pues como ahorita ya, pinche wey.

    • ziritrion · septiembre 5, 2011

      -Es que como los títulos suelen ser en masculino (doctor, abogado, etc.) no sabía si “ingeniera” era correcto XD
      -No se si los vale porque nunca he ido :V
      -Busca en Ars Technica; se llama “Gogo Inflight Wifi”
      -Tengo algunas pero no son muy buenas; a ver si puedo aprovechar alguna (cuando acabe de importar el puto Aperture…)

  2. David Arcos · septiembre 5, 2011

    ¿Que no has tenido verano? ¡Que cabrón, con la envidia que nos das! :D

    Welcome back!

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